20 jun 2012

Las aventuras de Jerry y M.




Nos encontrábamos sumergidos en la oscuridad de la habitación. Me había desplomado en el sillón con la cabeza colgando sobre el respaldo y una taza de café amargo humeando en el piso.
Él estaba de pie con la cara contra la ventana, observando con detenimiento el afuera, siempre con esa expresión de rechazo en su rostro, envuelto en una nube de humo producida por el tabaco ardiente.

                                                                 Capitulo I: 
                               Los poetas de un futuro mejor y los que odian.

- Puedo sentirlos, olerlos. Vos no?- dijo con voz ronca.
- Aun puedo percibirlos, lamentablemente. Moviéndose rápido en una ciudad mucho mas veloz, disfrutando, queriendo, sonriendo.-
- Ellos son presos de sus absurdas construcciones filosóficas acerca de un mundo mejor, de que nada es para tanto y que el tiempo cura cualquier herida. Comprando expectativas en un mercado efímero y conformista.-
- Solo quieren ser felices, disfrutar sus vidas, no veo lo malo en ello. Por mi naturaleza estoy alejado de dicha percepción pero no creo que este mal mirar la cara mas conveniente de la moneda. Ellos miran un lado, nosotros el otro.
Se aferran a dichas sensaciones para no sentir que están destinados a una vida de sufrimiento. En cierto modo es negarse a sufrir. Así como existen infinidad de creencias religiosas con el mismo fin, los que no conciben el plano extraterrenal, utilizan dichas herramientas para sobrellevar sus vidas.-

 Realizo una mueca de asco y continuo con la cara pegada al vidrio. El cigarrillo estaba totalmente consumido, pero se negaba a tirar la colilla, prosiguió:

- Las personas creen que sentimientos tales como el odio, el rencor, son "malos". Negativos para su existencia positiva en un mundo que no para de bombardearlos constantemente. El ser humano inherentemente vive atado a dichos sentimientos. Las relaciones se desmoronan, la gente traiciona. Muchos tratan de sobrevivir a cualquier costo, por mas que este sea arrasar con otro ser humano igual. Pero aun así, continúan negando la existencia de tales aberraciones en sus vidas, como dije antes, consumiendo frasesitas pre-fabricadas por soñadores de antaño.
- Solo necesitan buscar una escapatoria al dolor. Están desesperados, nacemos desesperados por alcanzar la felicidad, así como por esquivarle a cosas tales como el dolor o el odio.-
- Pero tienen una visión un tanto bohemia de dichas cosas. No siempre el odio es la contracara del amor, como así tampoco la tristeza de la felicidad. Siguen aferrados a conceptos que alguien alguna vez les inculco, al igual que a nosotros. Solo que vos o yo, no compramos.-
- No es cuestión de comprar o no. Yo simplemente no lo siento. El odio lleva a la autodestrucción indefectiblemente, es un sentimiento que consume y desgasta, esta claro que nadie querría vivir con una bomba atada al cuello.-
- Y entonces, dicho esto, no entiendo porque si conoces los efectos colaterales del sentir negativo, no rechazas dichas sensaciones y las reemplazas por algo mas (sonriendo de manera irónica) "positivo"-

 Mire hacía un costado.
La cama estaba revuelta. Julia descansaba sobre ella, enroscada valla a saber uno en que sueños felinos.
 Observe mis manos, pálidas y con pequeñas cicatrices surcando algunos puntos sobre estas. Mis ojos comenzaban a arder, los sentía pesados, prácticamente clavados sobre mi rostro.
 La taza de café se confundía con el ambiente oscuro que nos rodeaba y la poca luz que ingresaba por la persiana baja, comenzaba a desaparecer:

- Mi estadía en aquella honorable clínica, logro convertirme en lo que soy ahora. Cada segundo ahí dentro, sentía como las enfermedades ajenas lograban ingresar a mi sistema por lo poros, invadiéndome de las peores sensaciones. Como cada pared se cerraba a mi alrededor y noche tras noche, el corazón dejaba de bombear sangre roja para esta ser reemplaza por el veneno mas oscuro. Cualquier vestigio de luz me había sido negado.
Al salir de ahí el daño ya estaba echo. Mi cabeza ya contaminada y los engranajes embebidos de aquella sustancia oscura y maligna. Me aferre a dichas sensaciones negativas con el fin de crear un muro que logré separarme de la muerte inminente por mis propias manos. Siento que apuntar mis cañones hacía los que me dañaron de alguna manera u otra, es mi único consuelo luego del abandono y la traición.
Este cuerpo se alimenta de tales sensaciones, ya no puedo controlar al demonio que supe gestar en mis entrañas, tiene vida propia y como tal, solo quiere aquello que lo satisface.
Tristemente, me enorgullezco de ser yo el que acarrea aquella bestia entre las tripas.-

Me miro satisfecho, él sabía todo sobre mi. Era lo que esperaba escuchar. Volvió a pegar la cara contra la ventana. Con tono natural y desprendido disparo:

- ¿Y entonces? ¿Pensas vivir una vida destinada al sufrimiento? No sos vos el que defendía a aquellos que logran mirar hacía adelante a pesar de las adversidades, el que los justificaba.-

Le encantaba presionarme para responder lo que él ya sabía:

- No digo que no pueda sentir en el futuro sensaciones tales como el amor, por ejemplo. Solo asumo que la barricada que me separa de la muerte hoy día, es el rencor. Mi ego no permite haberme vuelto un simple recuerdo, una anécdota que deben contar en sus alegres tardes invernales de junio. Algunas cosas nunca van a cambiar, pero no quita que pueda camuflarme entre el vasto mundo que nos rodea. Formando parte y aparentando como lo hago hasta ahora.
Solo soy consciente que dichos sentimientos, forman parte de mi existencia tal y como la conozco, negar esta verdad sería romper con la barrera que logre crear a mi alrededor para defenderme de mi mismo, de vos...-

Nos quedamos en silencio unos minutos. La luz había desaparecido por completo y el hedor del tabaco en el aire era insoportable.
Eramos muy parecidos, por no decir lo mismo.
Él soy yo, tanto como yo soy él.
Su forma se extendía hasta mi centro como la mía hasta el suyo. Somos dos partes que congenian para formar un mismo monstruo.

Sonaba una bocina desesperada en la calle y el sonido de la marcha rutinaria de la gente sobre las veredas gastadas.
Jerry no lo soportaba, yo tampoco.
Por un segundo cruzamos miradas sin decirnos nada.
Hasta que las palabras se cayeron de su boca:

-¿Te acordás el día que nos conocimos en aquella habitación de "contención"? Atados de pies y manos a la camilla, con esa gruesa faja color amarillo atravesando nuestro pecho. Prohibiéndonos cualquier movimiento, cualquier reacción. Despojándonos de los mas mínimos instintos humanos, reduciéndonos a cadáveres vivientes sobre unas sabanas que otros supieron babear. ¿Te acordas? -

 
Continuer...

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