9 jul 2012

Texto extraído de "El hombre contra el hombre"


Leopoldo Gusan Otorre fue un filosofo misántropo y linyera argentino, no se conoce su fecha de nacimiento, fallecido el 11 de abril de 2012 luego de consumir dos pastillas de veneno para cucarachas mezcladas con licor barato.
Solo se conocieron algunos escritos sueltos que este enviaba su hermana (Maria Ines Otorre) a modo de cartas.
Gracias a ella, logramos hacernos de este texto extraído de una seguidilla de escritos, los cuales formaban, según relato a su hermana, parte de un compilado llamado "Del hombre contra el hombre".



"..Aquel que pise fuerte sobre las decisiones tomadas por otros,
es quien verdaderamente tiene el control.
No es el hombre mas que un rejunte putrefacto de costumbres e ideas plantadas desde el útero ya enfermo, siquiera antes de la gestación del feto.
No son mas que ataduras mundanas tales costumbres trabajosas de llevar a cabo, como la amistad, el amor y otro sin fin de "sentimientos" creados por el cerebro líder del cuerpo marioneta.

Para aquel que busque la libertad absoluta, debe desprenderse de dichas artimañas auto creadas para mantenernos prisioneros.
Es costumbre suprema entre los hombres, adornar dichas sensaciones de un sabor celestial falso. Como dije antes, no hay peor manipulador que el cerebro humano. Bestia débil fuera de la osamenta pero poderosa dentro de esta, gobernándonos, obligándonos a sumergirnos en tormentas violentas constantemente, haciéndonos creer que con una mano se puede tapar el sol o que otra persona igual de defectuosa que uno mismo, es capaz de completarnos.

Benditos! aquellos que conocen los secretos verdaderos detrás de esta aburrida obra teatral que es la vida.
Benditos! No una, ni dos, infinitas veces! aquellos que saben los riesgos de enrolarse con otro ser de esta misma especie depredadora.

El débil sucumbe antes tales sensaciones, algunos rezan a un dios dormido y adoran un libro de cuentos de antaño, mientras que otros buscan formar un circulo ficticio sobre un plano totalmente real, consumiendo infinidad de premisas mediocres escritas en el aire e igual de efímeras que este.

En cambio, el hombre realmente poderoso camina solo y austero por las praderas inflamadas como encías ponzoñosas, no buscando completarse por el toque de otro sino con la única misión de no formar parte de la mentira y soñando ser testigo en primera fila del cielo ardiente y los suelos resquebrajados bajo sus pies. Viendo como la enfermedad a la cual pertenece por selección natural, se desvanece en cenizas sobre el suelo, sirviendo de abono a este para futuras murallas de flores..."

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