Me había establecido en la espesura de mi mente una vez mas. -Flores para Daina?- pregunte para mi mismo.
Me encontraba solitario, al borde de las viejas vías de Hell Town, donde nada, siquiera el pasto maligno crecía.
Era hora de sacar al hombre del monstruo y empesar la loca carrera para salir del pozo.
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