26 nov 2013

Autoenucleación


Cada sonrisa sostenida se había vuelto una fina astilla de vidrio contra la masa encefálica.
Cada ciego putrefacto, con notorios trastornos psicóticos, masturbandose en cada cada una de las esquinas del mundo mausoleo de cadáveres vivos.
En cada lugar que miraba, era el terror vuelto femeninos cuerpos anorexicos danzantes. Mientras otros se vomitaban el pecho y miraban al cielo esperando ser rescatados, de lo que sea que los atormentaba.

Miles de hombres hambrientos de lujuria y miedos y sangre adolescente en sus miembros.
Era terror aquello que emanaba de ese joven desprovisto de manos con las cuales acariciar y el alma amputada con cuchillo oxidado, hijo de un sistema, ya huérfano eterno.

Son las nubes extensas de alquitrán pegajoso que viajan a través del sistema respiratorio carcomido por la enfermedad.
Las horas viajan mas rápido de este lado de la patria. Cada sensación sucede más rápido en esta tumba profanada por los gigantes carteles, las pastillas para soñar y el neón.

Respirando polvo de metal en el aire y alaridos como tormentas de agujas, en el estomago del Leviatan gris de cemento.
Gris de cemento y federal.




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