2 ene 2013

tartrato del vigésimo y el jueves


Apareció sobre mi grimorio azulado, lleno de viejas maldiciones típicas y simbología del comienzo de mis días en este plano.
Sonrió bestialmente apoderándose de la poca dignidad que quedaba en este engendro vivo que era yo.

Y entonces descendió de aquel cielo raso, primero el izquierdo, luego el pie derecho.
Solo deseaba arrojarme al abismo mas allá del balcón  pero me encontraba anclado y definitivamente prisionero de aquellos encantos acres.

-Hace música para la soledad y algunos cuentos para desahogar tus odios- dijo.

Y desapareció.
Podríamos haber seguido siendo dos, ergo prefirió volver al plano donde pertenece.






< Osamenta débil que no logra encerrar bien sus monstruos y ojos continuamente motivados >

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