Y entonces tomo mi mano y señalando desde la cornisa donde nos encontrábamos dijo:
- Esto es lo que puedo ofrecerte. Estos son los vicios a los que estoy atado (y las bocanadas de humo negro salían de sus bocas), el caos se extiende desde aquel horizonte hasta nuestro pies, abarcando todo el ancho y largo del terreno.-
Y me sonreí, y soñé vivir a su lado, sintiendo su espiración sobre mi.
Sus labios sobre los mios.
El regocijo de sus brazos atrapándome en un abrazo constante.
Y solté su mano:
- Este plano ennegrecido y áspero te pertenece, yo no quiero formar parte de lo que no soy. Te invito a explayar nuestras almas mas allá de aquel horizonte y plantar nuestras propios sentimientos como estacas sobre un nuevo suelo -
Se sonrió, y observo detenidamente aquella imagen deplorable que era su pequeño mundo.
Y se alejo, mezclándose entre los cuerpos grises que marchaban sin rumbo aparente.
Lo odie, nos odiamos.
Nos amamos por algunos segundos, pero sabíamos que el rechazo del uno hacia el otro era mas fuerte que la energía generada por la explosión de todos los universos existentes.
Y me aleje, sola, algo cansada y con los dedos amarillos por el tabaco.

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