Esa lluvia perezosa que solamente cae desde el cielo como riéndose de los desprevenidos y teniendo al filo de que pasara, a los que están expectantes bajo techo, realmente me había llenado los huevos.
Para mi suerte yo me encontraba llegando a casa, así que antes de entrar, quede mirando fijamente el cielo mofándome de que ya estaba bajo techo y no tenía que salir más a la calle una vez adentro. Cruce el hall del edificio hacia los ascensores, siempre me había gustado la alfombra color rojo intenso que guiaba el camino hasta ellos, y acá llegaba la parte que mas me desesperaba del ingreso a mi casa. La puta espera de que la caja de metal transportadora llegara para llevarme a la tranquilidad de mis cuatro paredes, los números que suben bajan, suben bajan, las lucecitas prendiéndose acá y allá, entre piso y piso, la espera siempre me pareció eterna por más que sean solo segundos los que pase allí parado. Hasta que por fin llego el momento, si, la puerta se abrió y ese era el momento donde esbozaba una sonrisa y entraba.
Sin percatarme una vez dentro mientras apretaba el botón del piso 17 (donde estaba mi departamento) no la vi entrar, era ella. Nunca había cruzado mas palabras que Hola y Hasta luego, lo cual me encantaba ya que podía imaginarme todo lo demás, no saber nada de ella la hacía más atractiva. Muchas veces llegué a pensar que seguramente se tratara de algún tipo de súcubo, esos demonios que se toman la sangre de los niños y son tan hermosos.
Uno, dos, tres y los pisos iban subiendo, uno a uno. El silencio me pesaba allí dentro, apretaba disimuladamente con fuerza el maletín, los nervios corrían desde mis pies hasta mi cabeza, era increíble lo que ese demonio lograba conmigo. Siempre trataba de consolarme pensando que seguramente era una de esas mujeres histéricas, no más que cualquier hombre, claro. Trataba dentro de lo desconocido burlar cualquier rastro que me guie hasta el sentimiento de querer conocerla un poco más.
Piso diecisiete, al fin. Al bajar solo la mire y dibuje un gesto amable hacia ella, el cual fue respondido de la misma manera. Me volví a sentir tranquilo.
Mientras ponía la llave, pensaba que algún día voy a hablarle, y seguramente me enamore, y hasta trate de invitarla a cenar o algo de eso, o a ver una película.
Y tal vez funcione, nos acostemos algunas veces, yo empiece a odiarla, le jure mi amor mientras, hasta que un día llegué con la excusa de que la odio demasiado como para fingir amor y se termine todo, si ella no me engaña antes y la culpa la corroe y tenga que confesármelo.
Si seguramente pase algo de eso o en ese orden.
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